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1.- INTRODUCCION.
1.1.- INTRODUCCION HISTORICA
1.1.1.- La personalidad del “Arxiduc”
Junto a la ribera del Arno, sobre una loma en Florencia, se asienta el
monumental Palacio Pitti, en él nació, un 4 de Agosto de 1847, Luis Salvador de
Habsburgo Lorena y Borbón (de ahora en adelante s’Arxiduc, que es como siempre
se le ha conocido en Mallorca).
Era el noveno de los hijos de Leopoldo II de Toscana y de María Antonieta de
Borbón. Su padre pertenecía a la casa imperial austrohúngara, pues era nieto de
Leopoldo II de Austria y I de Toscana, del cual descendían los emperadores de
Austria y los grandes duques de Toscana. Por parte de padre Luis Salvador era
primo segundo del emperador Francisco José I de Austria. Y por parte de madre,
primo de la reina Isabel II de España
En Florencia vivió s’Arxiduc (con la excepción del primer semestre de 1849, en
que su familia se refugió en Gaeta) hasta 1859. La derrota de los austriacos en
Solferino, y los términos de la Paz de Villafranca, obligaron al Emperador a
ceder la Lombardía al nuevo reino de Italia.
La situación en Florencia se hizo insostenible, de manera que en la madrugada
del 27 de Abril de 1859 s’Arxiduc, con toda su familia, abandonó definitivamente
la hermosa ciudad donde había nacido. Tenía 12 años, y se trasladó a vivir al
los castillos de Brandeis, junto a Praga, y Schlackenwerth, cerca de Karlsbad.
En el Theresianeum de Viena y en la Universidad de Praga, s’Arxiduc estudió
Derecho y Filosofía y, más tarde, Ciencias humanísticas y naturales, Filología,
Arqueología, dibujo y pintura. En realidad toda su vida se iba a caracterizar
por el estudio permanente y el incesante trabajo intelectual (“el sabio de la
casa” le llamaban cariñosamente en la Corte Imperial). Además de las lenguas
maternas, italiano y alemán, aprendió a lo largo de su vida: latín y griego
clásicos, checo, húngaro, árabe, francés, inglés, catalán y castellano. Pese a
la aparente vida desordenada que llevó, s’Arxiduc fue siempre un tremendo
trabajador, que dentro de su particular y curioso orden, parece que tuvo tiempo
para todo. Solía levantarse a las cinco de la mañana, tanto en verano como en
invierno, y luego de oír misa diariamente, comenzaba la redacción de sus libros,
para después despachar su copiosa correspondencia con sabios y literatos de todo
el mundo. A las once y media, con puntualidad germánica, comía. Y otra vez al
trabajo. A las siete cenaba, y a las nueve, inexorablemente, a la cama. Y así un
día y otro día (“Mallorca en la vida del Archiduque” Gaspar Sabater)
El rígido e inflexible ceremonial de la Corte Imperial (el protocolo austro
borgoñón, herencia española) no fue nunca del agrado de s’Arxiduc, por lo que
siempre que podía se alejaba de ella. Pese a su alta alcurnia, Luís Salvador fue
un hombre desarraigado, un espíritu nómada, un alma errante. “Yo he sido siempre
nómada, sin residencia fija, corro los mares. Impulsado en un principio por mis
aficiones, circunstancias particulares han desarrollados después en mi este
humor vagabundo que me hace vivir, por decirlo así, fuera de la humanidad... El
deseo innato de emigrar prevalece siempre, por hermosa y encantadora que sea la
ribera en que me encuentre” (“Miramar” Gastón Vuillier). Es el propio Arxiduc
quien cuenta una anécdota, una premonición que le hizo una de sus ayas, cuando
era todavía casi un niño: “Vos monseñor tendréis muchas propiedades, muchos
castillos, pero nunca tendréis vuestra casa” (“Mallorca en la vida del
Archiduque” Gaspar Sabater). Vuillier dice a este respecto: “Su verdadera
morada, preferida por él a todas, es su yate (el Nixe I y el Nixe II). En cuanto
a su domicilio, en el sentido estricto que nosotros damos a esta palabra, no lo
tiene, no lo tendrá jamás”
Desde bien joven, a los 14 años, s’Arxiduc comenzó a viajar. En 1861 fue a
Venecia, por motivos de salud, por donde “paseaba, solo, hasta que se hacía de
noche; atravesando canales; perdiéndose al final en lo negro y en el
silencio...” (“S’Arxiduc” Juan March). En los próximos veranos recorrió la costa
del Adriático. “Su primer libro: Excursions artistiques dans la Vénetie et le
litoral, publicado en 1868, es el fruto de aquellos viajes” (“El Paisatge de
l’Arxiduc” Nicolau S. Cañellas). En aquellos años, la década de los 60, viajó
también por el Norte de Europa: Noruega, Alemania, Holanda y Dinamarca
Con la compra de su primer barco en 1873, el Nixe I (Ondina, en la mitología
germánica) y la Villa Zindis en 1877, junto a Trieste, s’Arxiduc comenzó sus
interminables periplos por todo el Mediterráneo. Pasaba los inviernos en Praga,
y en verano recorría este mar tan querido para él.
1.1.2.- La relación con la Isla y Miramar
En 1867 emprende s’Arxiduc un largo viaje que le llevará hasta Mallorca.
Después de pasar por Toulouse, Pau, Bayona, y Biarritz, entra en España y va a
Miranda de Ebro, Zaragoza, Lleida, Barcelona y Valencia. Desde la ciudad del
Turia se embarca hacia Eivissa, donde llega el 11 de Agosto. Desde la mayor de
la Ptiusas toma el Jaime II y navega hasta Palma. En este viaje marítimo, en el
que se camuflaba bajo el nombre de Conde de Neudorf, conoce de casualidad a D.
Francisco Manuel de los Herreros, el que será su administrador de por vida.
En esta primera visita a la Isla, s’Arxiduc visitó Valldemossa y Deià, pasando
por Miramar, donde le impresionó vivamente la vista de Son Marroig, luego visitó
Menorca y regresó a Praga.
Pasaron cuatro años antes de que s’Arxiduc pudiera regresar a Mallorca. Entre
otras causas, por la inestable situación política de España. En 1868 se había
producido la revolución, “La gloriosa”, que destronó a Isabel II
Así que no fue hasta el 4 de Noviembre de 1871, cuando s’Arxiduc pudo regresar a
Mallorca. Volvió a visitar Valldemossa y Miramar, y éste le causó tal impresión,
que dijo a sus acompañantes: “Si vendiesen este lugar lo compraría”. Cosa que
hizo el 20 de Enero, en ocasión de un viaje a Sa Pobla.
Situado en los terrenos de la alquería árabe Haddayan, Miramar fue el inicio de
todo, de la vinculación de s’Arxiduc con Mallorca durante 42 años, y del
nacimiento de un inmenso territorio, un auténtico y pionero “parque natural”,
que s’Arxiduc fue constituyendo con la compra sucesiva de otras fincas: Son
Galcerán (1875), S’Estaca (1873-1876), Son Marroig (1877), Son Moragues (1883),
Son Ferrandell (1890), Son Gual (1894), Son Gallard (1896), Sa Font Figuera
(1898), Sa Pedrissa (1898) y Can Costa (1901). En total “Miramar” (como
s’Arxiduc llamó siempre a todo su territorio) llegó a integrar 1.685 ha. el 26
por ciento de la superficie de Valldemossa y Deià.
En Miramar vivió s’Arxiduc, combinando sus estancias con los largos viajes por
mar, y sus residencias de Villa Zindis y de Ramleh, cerca de Alejandría, hasta
1913, cuando le sorprendió la Guerra Europea, (I Guerra Mundial) en Zindis.
Murió al poco en su castillo de Brandeis, el 12 de Octubre de 1915.
Cuando s’Arxiduc compra Miramar, este ya había sido un lugar lleno de historia
intelectual, y retiro de místicos y anacoretas.
El año 1276 por iniciativa de Ramón Llull, se había estableció allí el Colegio
de Lenguas Orientales, en el que se habían de enseñar las lenguas de los
“infieles”, para poderles predicar la verdadera fe. El proyecto no funcionó, y
Llull, en su poema “Lo Desconort” de 1295, ya habla de su fin
En 1485 se instaló en Miramar la primera imprenta de Mallorca – muy posiblemente
también una de las primeras de los países de habla catalana – por iniciativa de
D. Nicolás Calafat, natural de Valldemossa.
En el s. XVI vivió en Miramar el padre Antonio Castañeda, ermitaño que había
sido capitán de los ejércitos de Carlos V, pero que desengañado de la milicia,
se retiró a Valldemossa, donde vivó como ermitaño, primero dentro de una
cisterna, después en una cueva, y finalmente en Miramar. El padre Castañeda
llegó a ser el mentor espiritual, de la famosa santa valldemosina, Catalina
Tomás. Murió en 1583, y fue enterrado con gran fama de santidad.
Después de su muerte la historia de Miramar, hasta la llegada s’Arxiduc,
discurre sin grandes acontecimientos, aunque siguió siendo un centro constante
de eremitismo.
Dada la importancia que para s’Arxiduc tuvo siempre la espiritualidad y la
historia, no es descabellado pensar que el pasado de Miramar, además de sus
extraordinarios paisajes y su proximidad al mar y a la Foradada, influyera
determinantemente a la hora de decidir su compra.
El nombre de Miramar atrajo también a otros altos personajes de la Corte
Imperial austrohúngara. El Archiduque Carlos Maximiliano de Habsburgo, almirante
de la escuadras austriaca, que recaló allí por una tempestad, bautizo con el
nombre de “Miramar”, su castillo próximo a Trieste (antes de morir fusilado en
Querétaro – México). Y también la Emperatriz Elizabeth, la desdichada Sisí,
fascinada igualmente por el nombre, bautizó como “Miramar” su yate, en el que
seguía por el Mediterráneo las rutas de sus amados héroes homéricos.
1.1.3.- Lectura del lugar
Resulta evidente que la zona de Miramar y sus alrededores han tenido y tienen
un atractivo superior al de muchos otros lugares. Su utilización para la
reflexión y la contemplación desde los tiempos de Ramón Llull nos conducen al
que podríamos definir como la sensibilidad por el Territorio, o sea la visión
del locus amoenus del periodo medieval que finalmente cristalizó con la idea
renacentista del paisaje cuyo origen hay que situarlo antes, justamente cuando
Petrarca realiza y describe su subida al Mount Ventoux.
El 26 de abril de 1336 en Malaucène, a los pies del Mont Ventoux Petrarca
describe su visita paisajística hasta la cima. Al llegar abre las confesiones de
San Agustín y lee: ”saciado y contento de haber visto el monte dirigí hacia mi
los ojos del alma”. Se entiende que Petrarca va más allá de una visualización
física del Territorio para llegar a las sensaciones producidas por lo que
actualmente llamamos paisaje. Sin embargo no estaba solo en estas sensaciones,
Ibn al Jatib, visir de Muhamad V, contemporáneo de Petrarca, describe el
Territorio y la ciudad de Granada bajo una valoración estética y Ramón Llull
describe sus reflexiones rodeado de las sensaciones del paisaje de Miramar.

Mount Ventoux al fondo de Lebarroux
Nos encontramos en uno de los primeros Territorios de Europa que en plena
edad media fueron contemplados con una nueva visión y en uno de los paisajes que
el romanticismo del siglo XIX definía como un Territorio con genius loci. Así lo
entendió el Archiduque, un lugar con magia.
La Serra de Tramuntana en general y el lugar histórico del Archiduque en
particular, no presentan escenarios placidos dominantes, tan propios del mundo
rural y que representaron los primeros pintores paisajistas, mas bien nos
encontramos con paisajes sublimes de montaña, con peñascos marinos y
acantilados, con encinares rústicos y duros como los que se describen para
definir la arcadia perdida que los poetas románticos austro-germánicos también
descubrieron en los bosques del interior de Grecia. No es de extrañar que el
Archiduque encontrase en Miramar y sus alrededores la magia del lugar y
descubriese su arcadia en una naturaleza que imponía su ley por encima de los
habitantes del lugar.
Mantener la personalidad del lugar requiere preservar los paisajes sublimes de
los acantilados castigados por las tormentas y la montaña fría, al mismo tiempo
que la arcadia más plácida, poro austera de los bosques de encinas, los pequeños
cultivos, las terrazas rudas y las marinas alegres donde en verano puede
recogerse la sal en las rocas ahuecadas. Todo ello dentro de una atmósfera de
sensibilidad que el Archiduque dispersó en los senderos y miradores discretos,
con efecto sorpresa. Incluso incluyó la cueva del beato Ramón Llull en sus
recorridos, siguiendo una pauta de estilo paisajista, lejos de la ostentación de
los belvederes de la jardinería clásica y renacentista.
El objetivo final del proyecto debe contemplar el mantenimiento del espíritu de
Ramón Llull y del Archiduque, de manera que el visitante pueda tener la
experiencia de sus sensaciones y pueda continuar aflorando la magia de este
lugar, al menos en las sensibilidades educadas.
De un análisis de este recorrido de sensaciones podemos diferenciar tres
espacios con vocaciones diferenciadas.
a.- uno seria la que corresponde al recorrido más cercano al mar, que puede ser
muy plácido, pero también sublime los días de tormenta,
b.- otro de mediana altura, entre 200-500 m, en la zona de bosque y de cultivos
y terrazas, la zona mas humanizada y probablemente la más apropiada para ser
visitada y con mayor numero de elementos históricos y patrimoniales
c.- finalmente la zona de la montaña, entre 500 y 1000 m la más elevada, que
corresponde a la Talaia Vella y el Puig Caragolí, la cual penetra hacia la Serra
de Tramuntana entre peñascos, lapiaces i cimas.
Conviene comentar que estas sensaciones se corresponden muy aproximadamente con
la clasificación geomorfológico del Plan Especial de Protección del Lugar
Histórico de les Possessions del Archiduque Luís Salvador (Consell de Mallorca-UIB)
que también sugiere una clasificación con tres tipos de Territorios con valores
naturales diferenciados y valores patrimoniales.
La zona marítima tiene unos recursos naturales dominantes y ofrece la
posibilidad de un modelo de puesta en valor diferenciado de los otros dos tipos
de paisaje, aunque también hay abundantes recursos patrimoniales. La zona
medianas la mas rica en patrimonio y es la más antropizada y presenta unas
posibilidades de usos y recursos bien diferenciada de las otras dos. Finalmente
la zona de montaña tiene una vocación dominante de conservación de los recursos
naturales, particularmente en temas florísticos y unas posibilidades de usos
ligados al excursionismo de montaña, a la ruta de la Pedra en Sec, etc.
Bajo esta perspectiva se contemplan una estructura básica abierta, con tres
rutas principales, dos más o menos paralelas, la de montaña y la marina y una
trasversal de comunicación entre ambas. Las tres rutas principales mantienen
continuos recorridos adyacentes que parten y se entregan de nuevo a las rutas
principales después de abarcar todos los monumentos y lugares patrimoniales de
interés. Esta estructura nos permite diferenciar tres guías con contenidos
mayoritariamente dominados por flora y vegetación de montaña, guía patrimonial y
guía dedicada a la zona marítima.
El tema del paisaje se ha activado en los últimos años, particularmente des de
que el Consejo de Europa aprobase el que se llamó el Convenio Europeo del
Paisaje de 20 de octubre del 2000, documento que se conoce como la declaración
de Florencia y que contiene párrafos relativos a la imprescindible conservación
del paisaje. Entre otros cabe destacar:
“el paisaje tiene un papel importante en los campos cultural, ecológico,
medioambiental y social, y constituye un recurso favorable para a ’actividad
económica. Su protección, gestión y ordenación pueden contribuir a la creación
de trabajo”;
“el paisaje contribuye al bienestar de los seres humanos y a la consolidación
de la identidad europea;”
“el paisaje es un elemento clave de bienestar individual y social y su
protección, gestión y ordenación implican derechos y responsabilidades para
todos”.
Por otra parte también cabe recordar que en la Declaración del Consejo de Europa
derivada de la conferencia sobre el turismo, justamente celebrada en Mallorca,
del 24 al 26 de noviembre de 1995 con el patrocinio de la Comisión Europea (DGXXIII),
el Consejo de Europa, la UNESCO y el Govern Balear, se hace referencia a la
necesidad de conservar la personalidad del territorio, o sea los elemento que
caracterizan su paisaje y en su declaración sugiere la implantación de tasas
finalistas para poder gestionar la conservación del patrimonio y lo hace con una
declaración final clara:
La financiación de la conservación y restauración del patrimonio natural y
cultural, condición para un turismo compatible con un desarrollo perdurable, ha
de beneficiarse con una asignación significativa de los ingresos generados por
el turismo local, regional y nacional. Se debería solicitar directamente a los
turistas mismos una cantidad para contribuir en la preservación de los lugares.
Parece evidente que sin recursos económicos no hay conservación viable, al menos
en economías maduras que continúan sometidas a inversiones fuertes sobre el
territorio. Evidentemente la legislación y el correcto gobierno del territorio
pueden ayudar mucho a la preservación y el uso sostenible del territorio, pero
sin una adecuada rentabilización del lugar siempre estaremos sometidos a la
inestabilidad.
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